En muchas ocasiones hemos
escuchado que España es diferente, tanto por los que somos residentes cómo por
aquellos visitantes que nuestro país acoge. Bien sea por nuestro carácter,
nuestra forma de tomarnos la vida, nuestra comida y un largo etc. “Sapain is
different”. Obviamente, cuando algo es diferente, esta diferencia presenta dos
direcciones, en sentido positivo y negativo.
Como
amante del deporte, siempre he creído que la realización de actividades deportivas
contribuye a hacer mejores personas, a sacar lo mejor que cada uno lleva
dentro, y así puedo constatarlo en la mayoría de las ocasiones en las que tengo
la oportunidad de interaccionar con otros en esta materia. En unas de estas
pruebas, celebrada el domingo 22 de Abril a la que asistí, fantástica en todos
los aspectos, en la que había un número muy elevado, tanto de participantes
como de público, pude comprobar cómo el deporte tiene el efecto anteriormente
señalado. Durante un momento de la carrera, tuve como compañeros de aventura a
dos participantes que llevaban camisetas en las que se podía leer fácilmente la
palabra, con su bandera, “Argentina”. Si pensamos en los últimos
acontecimientos por todos sabidos que han tenido lugar entre España y Argentina,
referente a temas empresariales, alguien podría pensar que esas camisetas eran
un tanto atrevidas. Nada más lejos de la realidad, ya que la gran cantidad de
público que se encontraba a nuestro paso clamaba frases de ánimo dirigidas a
los tres, todos los asistentes, y es que nada tienen que ver dos deportistas
ilusionados en su actividad con decisiones de las que ellos no son dueños, y el
ciudadano de a pie así lo entiende. Con ello, es necesario resaltar que las
diferencias que a modo institucional tengan dos países ni pueden ni deben
trasladarse a los ciudadanos, el deporte en este caso así lo entendió, bien por
los españoles.
Si
embargo, los españoles tenemos ciertos detalles, a mi juicio, que nos hacen quedar no muy
bien ante el resto de los ciudadanos del mundo, europeos especialmente.
Aspectos tan básicos como el de guardar una cola, después de una competición
deportiva en la que todos estamos cansados, para coger una bebida y algo de
comida, marcan la diferencia de comportamiento entre unos y otros, y a la vez,
dicen mucho de nosotros. Es un poco incomodo estar en una cola con una pareja
de alemanes y un francés (aunque suene a chiste no lo es), hablando de lo
bonita que ha sido la carrera y lo que hemos disfrutado, y ver como un grupo de
personas, poco a poco iban pasando delante, para acortar algún minuto, con
gestos de pillería y cara de satisfacción por la salirse con la suya, ¡menudo
triunfo el de estos! Pudimos comprobar efectivamente que eran españoles. Mis
compañeros de cola dándose cuenta de la operación de los anteriores me
preguntaban, con cierto desagrado, por qué esos podían pasar delante de
nosotros, no lo entendían; no supe que responderles. Por fortuna, pude
comprobar cómo otro grupo de españoles, al hablar, opinaban lo mismo que yo,
recriminando su actitud, y es que no se trata únicamente de no guardar una
cola.
Aunque
parezcan dos anécdotas sin importancia, las dos son reflejo de cómo somos. Por
un lado se encuentra lo bueno que tenemos, y que seguro se traslada al resto de
nuestra vida y actividades, y por otro los aspectos en los que hemos de dar un
cambio de dirección, ya que detalles en los que se utiliza la pillería ó se
aprovecha de la educación y vergüenza de los demás para salirse uno con la suya
no se producen sólo en algo tan básico como el hecho de guardar una cola,
también, y así lo hemos visto, en las interacciones empresariales, políticas
etc.
Por
ello, no sería malo que todos hiciésemos un ejercicio de reflexión sobre
nuestros comportamientos y sus repercusiones, enorgulleciéndonos e intentando
contagiar los aspectos positivos y siendo críticos con los negativos, para
poder aprender y mejorar.
Julio Ruiz Montero

