Aunque pueda
parecer una contradicción, palabras que tienen significados totalmente opuestos
pueden, y de hecho tienen cabida en una misma situación. Si pensamos en algo
guapo y feo a la vez, quizá no le encontremos mucho sentido, en una altura baja
y alta al mismo tiempo, pues a lo mejor tampoco vemos que se puedan
complementar. Aunque ya sé que alguien me puede decir que todo depende de los
ojos con los que se mire, que todo es relativo, no es esa la cuestión.
Las palabras con
significados opuestos a las que me refiero, son “Desilusión e ilusión”. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado en
situaciones en las que estas dos palabras van cogidas de la mano? Seguramente que
en más de una. Sin ir más lejos en el tiempo, ahora mismo, por lo menos en mi
caso y el de otros muchos que conozco, esta situación está a la orden del día.
Y por desgracia está de actualidad, ya que “Desilusión”
se la atribuimos a nuestro país, y muchos de sus ciudadanos, mientras que “Ilusión” tendrá que ir acompañada del
nombre de otro país, así como a nuevos vecinos. Tan desilusionante como cierto.
Tan desilusionante como encontrarte en un país en el que muchos nos sentimos,
porque así nos hacen sentir, como criminales, estafadores y casi asesinos de la
forma de vida de nuestros vecinos, por el simple hecho de pertenecer a ese
grupo de personas que en la época del robo masivo que hubo en nuestros país, sí
he dicho bien, robo masivo, estábamos, unos preparándonos para un futuro mejor,
otros trabajando, sin opciones a los sueldos escandalosos y desorbitados que se
manejaban por aquel entonces, ¡menudo error!. Cuando hablo de robo masivo, no
me refiero al trabajador que aprovechó la oportunidad de ganar el dinero que se
le permitía, hablo de aquellos que permitieron toda esta sin razón, y que por
supuesto sacaron tajada, ¡ni me quiero imaginar el tamaño de la misma! Tan
desilusionante como encontrarte en un país en el que una gran mayoría se alegra
de que a otros, trabajadores de sanidad
y educación por ejemplo, con todo lo que se ha de luchar para estar ahí, se les
deje sin empleo, se les ningunee, se les ridiculice y se les haga sentir de un
modo que ni esos seres que viven en las alcantarillas, y que tanta repulsa
suscitan, se merecen, con el agravante de que ni si te ocurra reivindicar nada
que tenga que ver con tus derechos.
Esta es la
realidad. Al mismo tiempo que muchos tenemos que aplicar la palabra “Desilusión” a nuestro propio país, hemos
de dar un giro de tuercas, y entonar la palabra “Ilusión”, pero lejos de aquí, en algún país que se nos respete, que
no se nos criminalice por lo que hemos hecho, y mucho menos por aquello que no
llegamos a hacer. Tendremos que hacer nuestra maleta, cargándola de la ilusión
que aquí se nos ha negado, y que esperamos construir en otro lugar, ya que
mucho me temo que aquí tenemos los días contados, porque no hay cabida para
nosotros laboralmente hablando, y porque, ni mucho menos, estamos dispuestos a
recoger las migajas que se nos arrojan, lo siento pero eso no.
Lo triste de
todo esto, es que no somos casos aislados, sino que cada vez es más grande el
grupo de aquellos que pasaremos a engordar los registros de emigración de
nuestro país, cada vez es más grande el grupo de los que estamos cansados de
cómo funciona este país, de las reglas del juego tan desastrosas, visto lo
visto, que se nos hacen seguir. Pero sobre todo, estamos cansados de la falta
de respeto que rodea nuestro día a día, y que a veces, según mi opinión, nos
hace ser una sociedad triste, muy pero que muy triste.
No
había vuelta atrás, la semana de la prueba había llegado, aunque por otras distracciones
prácticamente había pasado inadvertido para mí.
!Que no falte nunca!
Los días previos, entre preparación
del material y otros fueron como cuando un niño espera el día de reyes, ó su
cumpleaños, todo ilusión y expectación, sin faltar por supuesto los nervios,
que ya empezaban a hacer mella, especialmente en el sueño. Previo paso por
Valencia para ver a mi amigo, el sábado por la mañana llegamos a Salou, y lo
primero que hicimos fue ir a ver la meta que tendría que cruzar el día siguiente,
¡no parece tan difícil!, ¿verdad? El sábado transcurrió entre hotel, preparando
el material, recogiendo dorsales y dejando la bici en su sitio para el día
siguiente, intentando dejarlo todo lo mejor posible, para que nada fallase. Ya
se veía el ambiente que se crea en estas ocasiones, de participantes,
familiares y curiosos.
Objetivo: cruzarla
La mañana de la prueba llego pronto,
ya que a las 6:30 estaríamos dentro del agua. En el desayuno coincidimos varios
de los participantes, comentando temas relacionados sobre todo con el tiempo,
ya que llovía, y llovería. De camino a la salida pudimos coincidir con aquellos
que continuaban la noche, con sus conversaciones, sus situaciones, etc., ¡qué
tiempos aquellos! Una vez en la zona de la prueba no había tiempo que perder,
ni nervios ya que había cosas que preparar.
El momento de la verdad había
llegado. Situados en la orilla de la playa, cuando aún el día no nos había
saludado, nos encontrábamos todos los participantes, cada uno con su motivo,
con la particular historia que le había llevado hasta ese punto. No sabía cómo
terminaría mi aventura, pero de lo que te dabas cuenta en esos momentos, es que
ya teníamos nuestros triunfos particulares, al plantearnos nuestro pequeño reto.
Resulta curioso como ver, que además de llevar todos nuestro traje de neopreno
del mismo color, teníamos otra cosa en común, nuestras miradas. Mirases a quién
mirases, todos teníamos ese punto de mirada asustadiza, que precede a la
posterior emoción. No se trataba de miedo, sino más bien, de respeto, por la
prueba y hacia el resto de participantes. Con el cañonazo de la salida, los
nervios se transformaron en tranquilidad y alegría, ya que entre las brazadas
necesarias para recorrer los 3800 metros creo que hubo varias “sonrisas
acuáticas”. Ahora que pienso, ¿será ese el motivo por el que trague tanta
agua?, no creo. Era bonito estar nadando en el mar, con toda esa gente,
comenzando a cumplir mi objetivo. Después de tantos quebraderos de cabeza que
me dio la natación, resulta que terminó casi sin darme cuenta, con un tiempo de 1 hora 3 minutos de repente me
encontraba corriendo por la alfombra, saludando a mi guapa, e inseparable mujer,
camino de los boxes para encontrarme con mi niña de dos ruedas, con un elevado
grado de excitación, ¡VAMOS!.
Con los nervios antes de la salida
Salida de boxes hacia los 180 kilómetros
Una vez terminada la natación, y
tras una tranquila transición, me encuentro con mi niña de ruedas y cuernos, ¡es
tu turno guapa! ¡A POR LOS 180! Me encanta montar en bici, me despeja y me da
alegría, pero jamás podría imaginar que estaría tan contento encima de la
bicicleta en esta prueba. A pesar de la lluvia, y algo de granizo, que nos
acompaño durante 20 kilómetros, aumentaban mis ganas de seguir pedaleando, mi
niña estaba respondiendo. Rodeado de unos paisajes preciosos, nos íbamos
metiendo en el circuito que la organización tenía preparado, empezando a
descubrir porque decían que era duro, muy duro. Y es que el primer puerto, con
su belleza, te saludaba, al tiempo que te advertía de su dureza. No le hice mucho
caso. Tras bajar y pasar algunos repechos, fuimos a por el segundo puerto,
igual de bonito, más corto pero algo más duro. Aunque duro se subía con
alegría, ya que al final del mismo se encontraba el avituallamiento especial,
la comida que cada uno había preparado para el kilómetro 100.
!Vamos que no es para tanto!
Al igual que en
la vida, hay momentos en los que una mala decisión te puede marcar para el
resto, en mi caso así fue. Tenía preparado varios dulces, plátanos, frutos secos
y una coca-cola. Al abrir mi bolsa me encuentro con que la coca-cola se ha
vertido, empapando la comida, y fruto de la excitación por lo bien que me
encontraba hasta el momento, no pensando en todo lo que tenía por delante,
desprecio la comida, pensando en que no lo necesitaba, y continuo sin comer nada,
¡qué error, grave error! Y es que en muchas ocasiones es más útil para el
global utilizar la cabeza en lugar de lo que sientes en esos momentos. No sé si
porque comenzaba a darme cuenta de mi fatal decisión ó porque realmente mi
depósito de combustible se vació, pero tardé sólo 10 kilómetros en sentir un
vacío en el estómago, que acompañado de un buen mareo hicieron que me bajase de
la bicicleta para no caerme. El tío del mazo había llegado, y sabía que me
acompañaría toda la carrera. Con 70 kilómetros de ciclismo por delante, a
sabiendas de que lo único que comería hasta la maratón serían barritas y geles
energéticos, de los cuales estaba ya cansado, las dudas comenzaron a aparecer,
y más aún pensando en la maratón. El error estaba cometido, nada podía hacer
por solventarlo, sólo seguir adelante, intentando pasar esos malos momentos
como fuese. Hacía mucho tiempo que no subía un puerto dando bandazos de uno a
otro lado de la carretera, pero mi debilidad me obligó a ello en el tercer y
último puerto. Los últimos 30 kilómetros se suponían sencillos de llevar, pero
el peor enemigo del ciclista, el viento en contra, nos visito hasta nuestra
llegada a Salou.
Concluido el circuito de ciclismo, y tras 6 horas 52 minutos de inolvidable pedaleo, dispuesto a
enfrentarme a la maratón en la disciplina que más me gusta, no tenía ni idea de
lo que me esperaba. Todo comenzaba bien, dentro de lo mal que la pájara de la
bicicleta me había dejado. Mi mujer me aclamaba, espectadores y voluntarios no
escatimaban en ánimos hacia mí y resto de participantes. En el primer
avituallamiento por fin pude comer otra cosa que no fuesen barritas y geles, y
plátanos y naranjas se incorporaban a mi dieta, parecía que llegaban tarde.
Pasaban los primeros kilómetros y aunque no iba mal del todo, sabía que no
estaba funcionando mi carrera continua, no me habituaba a correr. ¡Y qué razón
llevaba! Al igual que en la vida te encuentras alguna situación que te hace ver
que no va bien, esa sensación en la que experimentaba, al igual que lo veía en
la cara de muchos de los participantes.
Como si de una barrera psicológica se
tratase, al pasar la media maratón comenzaron a venir todos los problemas de
golpe. Hacía mucho tiempo que todo lo que comía sólo se quedaba en el estómago,
y ningún efecto parecía hacerme en las fuerzas. Los geles sólo me daban ganas
de vomitar, y por si fuera poco, los gemelos y cuádriceps, que ya estaban avisándome,
se unieron a la fiesta del arrastre. Ese fue el nombre que le puse a los últimos
15 kilómetros de mi aventura, “el arrastre”, ya que esto es lo que hice en esos
kilómetros, arrastrarme. La mala decisión de no comerme la comida empapada de
coca-cola en la bicicleta me estaba causando un sufrimiento inexplicable. Mis
piernas me decían que estábamos mal, muy mal, y que si no gestionaba bien el
final de la carrera corríamos el peligro de no terminar, lo cual no entraba
para nada en mis planes. Por ello, para poder terminar, tuve que combinar
tramos de carrera con otros andando. Además de los ánimos de voluntarios y
espectadores, muchos fueron los ánimos, que entre participantes que nos encontrábamos
en la misma situación, nos propinábamos unos a otros, conscientes de lo mal que
estábamos. No sabe uno de dónde sale ese último hilo de fuerza, que te coge y
te lleva a recorrer los últimos kilómetros, ayudado por la gente que no te
dejaba que te fueses abajo, y es que el no terminar no tenía lugar dentro de mi
cabeza. Mucho tuvo que ver en esto mi mujer, sin la cual no podría hacer nada
de esto, que me animaba sin caer en su desánimo, aún sabiendo, ya que me conoce
mejor que yo, que no estaba como yo esperaba, que mi cabeza ya no me funcionaba. Sobre los últimos metros, no hace falta
decir nada de ellos, ya que la felicidad de cumplir el objetivo que
tantas horas, no sólo de entrenamientos sino también de pensamiento me había
llevado, no tiene nombre, y tras 4 horas 40 minutos de maratón, sumados a los tiempos anteriores, con las transiciones, sumaron un total de 12 HORAS 49 MINUTOS 27 SEGUNDOS de felicidad.
La llegada
Por fin terminaba los 226 kilómetros de mi aventura.
Una aventura, que como la vida misma, se forma de muchas experiencias, distintas
fases, buenas y malas, en la que hay que pasar las malas con el mayor ánimo
posible y no dejarse llevar de un modo descontrolado por los buenos momentos.
Pasadas 24 horas desde el final, comienza uno a estar
más contento aún de haber cumplido su sufrido objetivo, y a entender porque
algunos consideran este tipo de pruebas como una droga, ya que, con los dolores
aún presentes, mi pensamiento va en busca de la siguiente.
Recuerdo la primera vez que escuche
la palabra “Ironman”. Fue hace bastantes años, en Badajoz, y tras descubrir de
qué trataba dicha prueba, no pude pensar otra cosa que no fuese ¡qué locura!
Desde entonces no volví a prestar atención a esta palabra, hasta que el año
pasado, en mi centro de trabajo, y una vez dentro de este mundillo, descubría
día tras día que varios de mis compañeros habían participado en pruebas
similares. ¿Pero dónde estoy? ¿Cómo es posible que hayan podido realizar esto?
Estas y otras preguntas se me venían a la cabeza sin encontrar respuesta.
Aunque mi mente no podía asimilar todo lo que mis compañeros me contaban, una
luz se encendió dentro de mí el lunes 6 de Junio del año pasado, cuando una
compañera me comentaba que tenía mucho sueño porque el día anterior había
llegado tarde a casa, a causa de que su marido estuvo participando en un
triatlón distancia Ironman el día anterior, en Salou. Entonces pensé, ¿si toda
esta gente lo hace? ¿Por qué yo no?
Esa es la pregunta clave que toda
persona que quiera hacer una prueba de este tipo, ó cualquier otro reto ó
actividad, ha de plantearse ¿por qué yo no? Desde aquel día se instaló en mi
cabeza la idea, la necesidad más bien, que por lo menos debía intentarlo. Y en
esas nos pusimos. Aunque por aquel entonces ni siquiera había participado
todavía en un triatlón, sólo duatlones, no me importaba.
Después de tener mis primeras
experiencias en triatlón, y teniendo en cuenta mi triste natación, estaba claro
que tendría mucho trabajo por delante. Sería necesario montar mucho en
bicicleta, correr durante muchas horas, pero en natación, además de nadar,
nadar y nadar, prácticamente tendría que empezar de cero, ya que estaba claro que
no sabía nadar. Por ello, después de inscribirme en la prueba, a finales del
verano, y sabiendo que lo más inmediato era aprender a nadar, pude contactar
con el club de natación de Toledo, dónde con la ayuda de Alberto, Carmen,
compañeros de natación y por supuesto Tina, poco a poco y con paciencia, se comenzó
a lograr la difícil tarea de mantenerme a flote.
Con Alberto en la piscina de Toledo
Una vez terminé mi primera maratón
en Valencia, obtuve dos noticias, una buena y otra mala. La buena, comprobar
que era capaz de correr la maratón, la mala, que esto iba a ser duro, muy duro.
Tras la semana de descanso después
de la maratón, comenzaba la preparación para el Ironman. Seis meses de
madrugones para correr, de llegar tarde a casa tras la piscina, y de fines de
semana ocupados por largas sesiones de bicicleta y carrera. Sinceramente, no
puedo decir que fuese duro, ya que la emoción de preparar una prueba de este
tipo lo compensaba todo. Y es que como dice el dicho, “el que algo quiere algo le cuesta”. Aunque la preparación es una de
las partes que más se disfruta, no fueron pocas las veces que pensaba si esto
merecería la pena, hasta el día de la prueba no lo sabría.
No
son buenos tiempos en general, es una de las realidades que en la actualidad
tenemos, muy especialmente en nuestro país. No hace falta buscar mucho para
darnos cuenta de la difícil situación en la que nos encontramos, lastrada por
la economía, que ejerce como peso de arrastre sobre el resto de las facetas de
nuestras vidas. Y es que, por mucho que en ocasiones hagamos nuestras
expresiones como que “el dinero no es importante”, lo cual es cierto en parte,
la realidad es que la economía si importa, y desgraciadamente dejamos que
condicione nuestro ánimo, y con ello nuestra actitud ante los distintos retos
que se nos puedan plantear.
Aunque
la realidad general es dura, ni podemos ni debemos dejar que toda esta sin
razón en la que nos encontramos inmerso nos condicione, ya que, el tiempo cada
vez pasa más rápido, y día que se pierda no se volverá a recuperar. Por ello,
si queremos hacer algo, lo intentamos y punto, independientemente de si
lo conseguimos ó no, ya que en su intento estará el éxito.
¿Y por qué
digo todo esto? Si nos fijamos en los pequeños detalles que tenemos a nuestro
lado en el día a día, quizá podamos encontrar ese impulso que necesitamos para
elevar nuestro estado de ánimo, con los innumerables beneficios que ello
tendrá, en nuestra salud y en nuestras actividades diarias. Por ello, quería
compartir uno de esos detalles de los que pude ser testigo en el día de ayer,
cuando iba con mi coche por una carretera y pude ver a una persona practicando
ciclismo en una bicicleta adaptada a personas que en su vida diaria necesitan
una silla de ruedas. Fue entonces cuando pensé, “sí señor, esa es la actitud”.
No conozco a esa persona, pero le doy un diez por su actitud, por superar sus
adversidades, por no quedarse en casa lamentándose, QUIERE PRACTICAR CICLISMO Y
LO PRACTICA, PUNTO. Aunque pueda entender que alguien piense que esto no es
especial, para mí lo es, ya que estamos más que acostumbrados a escuchar
multitud de excusas ante las adversidades que nos encontramos, en nuestra vida
profesional ó personal, que si esto… que si lo otro… que si este no me permite…,
y muchas más que no hace falta comentar.
En definitiva,
el día a día nos ofrece multitud de detalles y experiencias, cargadas de contenidos
que merece la pena prestarles atención, y que si somos capaces de leer, y
aprovechar su significado, utilizando lo positivo del mismo, podremos enfrentar
mejor todos los mensajes depresivos y desoladores que nos llegan, haciendo
girar malas situaciones en no tan malas, ó incluso buenas ó muy buenas.
En muchas ocasiones hemos
escuchado que España es diferente, tanto por los que somos residentes cómo por
aquellos visitantes que nuestro país acoge. Bien sea por nuestro carácter,
nuestra forma de tomarnos la vida, nuestra comida y un largo etc. “Sapain is
different”. Obviamente, cuando algo es diferente, esta diferencia presenta dos
direcciones, en sentido positivo y negativo.
Como
amante del deporte, siempre he creído que la realización de actividades deportivas
contribuye a hacer mejores personas, a sacar lo mejor que cada uno lleva
dentro, y así puedo constatarlo en la mayoría de las ocasiones en las que tengo
la oportunidad de interaccionar con otros en esta materia. En unas de estas
pruebas, celebrada el domingo 22 de Abril a la que asistí, fantástica en todos
los aspectos, en la que había un número muy elevado, tanto de participantes
como de público, pude comprobar cómo el deporte tiene el efecto anteriormente
señalado. Durante un momento de la carrera, tuve como compañeros de aventura a
dos participantes que llevaban camisetas en las que se podía leer fácilmente la
palabra, con su bandera, “Argentina”. Si pensamos en los últimos
acontecimientos por todos sabidos que han tenido lugar entre España y Argentina,
referente a temas empresariales, alguien podría pensar que esas camisetas eran
un tanto atrevidas. Nada más lejos de la realidad, ya que la gran cantidad de
público que se encontraba a nuestro paso clamaba frases de ánimo dirigidas a
los tres, todos los asistentes, y es que nada tienen que ver dos deportistas
ilusionados en su actividad con decisiones de las que ellos no son dueños, y el
ciudadano de a pie así lo entiende. Con ello, es necesario resaltar que las
diferencias que a modo institucional tengan dos países ni pueden ni deben
trasladarse a los ciudadanos, el deporte en este caso así lo entendió, bien por
los españoles.
Si
embargo, los españoles tenemos ciertos detalles, a mi juicio, que nos hacen quedar no muy
bien ante el resto de los ciudadanos del mundo, europeos especialmente.
Aspectos tan básicos como el de guardar una cola, después de una competición
deportiva en la que todos estamos cansados, para coger una bebida y algo de
comida, marcan la diferencia de comportamiento entre unos y otros, y a la vez,
dicen mucho de nosotros. Es un poco incomodo estar en una cola con una pareja
de alemanes y un francés (aunque suene a chiste no lo es), hablando de lo
bonita que ha sido la carrera y lo que hemos disfrutado, y ver como un grupo de
personas, poco a poco iban pasando delante, para acortar algún minuto, con
gestos de pillería y cara de satisfacción por la salirse con la suya, ¡menudo
triunfo el de estos! Pudimos comprobar efectivamente que eran españoles. Mis
compañeros de cola dándose cuenta de la operación de los anteriores me
preguntaban, con cierto desagrado, por qué esos podían pasar delante de
nosotros, no lo entendían; no supe que responderles. Por fortuna, pude
comprobar cómo otro grupo de españoles, al hablar, opinaban lo mismo que yo,
recriminando su actitud, y es que no se trata únicamente de no guardar una
cola.
Aunque
parezcan dos anécdotas sin importancia, las dos son reflejo de cómo somos. Por
un lado se encuentra lo bueno que tenemos, y que seguro se traslada al resto de
nuestra vida y actividades, y por otro los aspectos en los que hemos de dar un
cambio de dirección, ya que detalles en los que se utiliza la pillería ó se
aprovecha de la educación y vergüenza de los demás para salirse uno con la suya
no se producen sólo en algo tan básico como el hecho de guardar una cola,
también, y así lo hemos visto, en las interacciones empresariales, políticas
etc.
Por
ello, no sería malo que todos hiciésemos un ejercicio de reflexión sobre
nuestros comportamientos y sus repercusiones, enorgulleciéndonos e intentando
contagiar los aspectos positivos y siendo críticos con los negativos, para
poder aprender y mejorar.
En estos tiempos en los que tanto se habla de recortes, “ajustes” y otros términos reductores que nos inundan desde el desayuno hasta la cena, me llama la atención que haya algunos lugares que no sólo no se recorte, sino que se aumente, y es que últimamente, tanto en el ministerio de educación cómo en la consejería de educación de Castilla la Mancha (CLM), por ejemplo, ha aumentado la ratio de desconocedores en su materia y mentirosos.
Bien podríamos llamarles incompetentes (en lugar de desconocedores en la materia) a los miembros del ministerio y consejería, lo cuál no sería faltar al respeto, ni mucho menos, ya que no es este un término peyorativo, simplemente hace referencia a la incapacidad para realizar algo, en materia de educación en este caso.
Hay un dicho muy conocido; “zapatero a tus zapatos”. Apliquemos este dicho para analizar el historial del ministro de educación y consejero de CLM. El primero, en sus últimos años tiene actividades tales como adjunto al presidente del BBVA, presidir la fundación EFQM, en representación del BBVA ó fundar una consultoría en el campo de comunicación, opinión pública y responsabilidad social corporativa entre otras. El segundo, presenta actividades en contabilidad, fiscalidad, comercio, etc., es decir, funciones en el campo de la economía, que es para lo que se preparo en sus estudios de Ciencias Económicas y Empresariales. Ambos historiales se pueden ver en las páginas del ministerio y de la junta de CLM. Pues bien, ¿dónde hay algún tipo de actividad de estos dos señores relacionada con la educación?, ¿cómo es posible que estos dos señores sepan cuál es la realidad existente en las aulas?, ¿las necesidades requeridas? Admitamos que estos dos señores no pueden hacer bien su trabajo ya que no saben que es lo que tienen que hacer, lógico, ni están preparados y lo peor de todo es que parece que no les importan los resultados de sus decisiones.
En el fondo, estos dos señores son dos cabezas de turco, puestos para cubrir unos puestos, que da la impresión, tanto a nivel nacional cómo regional, que son los menos importantes para el presidente del gobierno y para la presidenta de CLM, ya que si les interesase gestionar bien la educación pondrían al frente a personas conocedoras en la materia, y este no es el caso. Sin embargo, esto es lo que hay, dos señores que sabrán mucho de cuentas, que es lo único que están haciendo, echar cuentas. Pues si eso es para lo que se les ha puesto al frente, por lo menos podrían tener la dignidad de decir la verdad, no mentirnos. Decirnos que no importan las consecuencias presentes y futuras en la educación, que hay que gastar menos, ó no gastar, decirnos que el aumento de ratios en las aulas será un desastre para las generaciones que lo sufran, decirnos que será imposible impartir un mínimo de nivel para todos los alumnos, decirnos, en definitiva, que esto es lo que hay, que la educación actualmente no es una prioridad, y cómo las lentejas, “ó las tomas ó las dejas”. Eso sería lo razonable, y no contar las milongas y despropósitos sin sentido que últimamente sueltan, que ni ellos mismos se creen.
Para finalizar, me gustaría llamar la atención a sindicatos y profesores. Adaptarse a los nuevos tiempos puede ser un factor de éxito. Por ello, dejar atrás fórmulas del pasado, cómo son las huelgas, visto que, y mucho más en el sector de la educación, no sirven más que para echarse al resto de la sociedad encima, puede ser un buen comienzo. Lo que sí se puede hacer es simple y llanamente hacer su trabajo, impartir el temario completo, al nivel adecuado, sin fijarse en porcentajes de aprobados, y que los resultados hablen por sí mismos, que hablarán, eso seguro. Hacer un ejercicio de información exhaustiva a alumnos y padres, implicándoles en el problema real y los más que probables resultados, puede hacer que estos enciendan la llama del cambio de dirección en la desastrosa política educativa que se pretende llevar a cabo desde la administración. De no ser así, espero que cuando los resultados se pronuncien, no sea demasiado tarde para varias generaciones de alumnos, y con ello, para gran parte de la sociedad futura.
Los movimientos migratorios de la población son una constante necesaria e inmersa desde las más antiguas sociedades hasta la nuestra. Aunque muchos son los motivos que llevan a los ciudadanos a emigrar hasta otra zona, ya sea dentro de la misma región, país o fuera del mismo, no son las causas sino los resultados de este fenómeno lo que pretendo analizar. Más concretamente me gustaría centrarme en cómo estos movimientos migratorios están desertizando de personas las zonas rurales de nuestra tierra, entiéndase por esta todo el territorio nacional.
De un tiempo a esta parte asisto atónico cómo desde las distintas administraciones están “obligando y fomentando” la despoblación rural gracias a las políticas sociales, especialmente en los servicios básicos y fundamentales cómo son educación y sanidad, que se están llevando a cabo. Pongámonos en la piel de una familia que vive en una zona rural, zona a la que le van a cerrar un colegio ó disminuir los servicios médicos por contentar a los mercados ó cómo quieran llamar a esos seres (no me atrevo a llamarles personas) enfermos de poder y con una dosis ilimitada de avaricia. ¿Cuál creéis que será el futuro de esa familia? Exacto, ya lo estas pensando al igual que yo. Pues ahora no pensemos sólo en una familia, hagámoslo en todas aquellas cuya suerte de vivir en un entorno rural se puede convertir en una pesadilla, ¿resultado? – bye, bye entorno rural.
Las administraciones están al servicio de los ciudadanos y no para empujarles a situaciones insostenibles, que en el caso que nos ocupa dará lugar, tristemente, a que algo de lo que en España hemos de estar tan orgullosos cómo son las zonas rurales termine por desaparecer.
Para corroborar esto, he realizado un análisis de cómo ha evolucionado desde 1996 el número de habitantes en los distintos municipios en función de su tamaño. En la siguiente gráfica se muestran los % que representan las poblaciones de menos de 5000 habitantes respecto del total de la población.
Fuente: elaboración própia a través de datos del INE
Peros los datos son aún son más demoledores si vemos la evolución en número de habitantes, teniendo en cuenta que desde 1996 hasta 2011 la población española ha aumentado desde los 39.669.394 hasta los 47.190.493. Veamos el siguiente gráfico en el que se muestra dicha evolución en términos absolutos de habitantes.
Fuente: elaboración propia a través de datos del INE
Es decir, que a pesar de aumentar la población española en casi un 19 % (7.521.099), el número de habitantes en municipios de menos de 5000 habitantes ha disminuido. Y esto teniendo en cuenta que en regiones típicamente rurales como son Castilla la Mancha ó Extremadura se han llevado a cabo políticas sociales muy beneficiosas para este tipo de municipios, tanto en sanidad como en educación. Y yo pregunto ¿qué sucederá con los recortes planteados en materia de educación y sanidad en este tipo de municipios?
A todos los que nos hemos criado en este tipo de municipios nos gusta, deseamos, necesitamos dejarnos caer por nuestros entornos rurales. Sin embargo, estos entornos han de soportar el día a día para que los fines de semanas ó épocas estivales se encuentren presentes para poder ser visitados, pero si se limitan los servicios sociales a base de recortes injustos, quizá, no dentro de mucho, muchos de estos entornos desaparecerán para la vida cotidiana.
To being with the story about my specially adventure in Africa, I would like to say that I got married on April 30th to my lovely wife. After we came back from our honeymoon in India and Nepal, we were quite happy. For this reason we had the necessity to travel again to other country like those, which in my opinion have a magical attractive to visit. On the other hand, I had been talking about visiting Africa with my friend Fernando many times, so we decided to do this wonderful trip. As far as I am concerned, it was very exciting when we arrived in Kenai, I couldn’t believe that we were in so nice country. Despite the hotel where we slept the first night was not comfortable, we didn’t mind, we were happy. Although we had to change the way we normally think about life to understand the daily routine of the country, there were some things that were more difficult than others, e.g. food. Even though we were very happy, sometimes we had strange feelings because of the extreme life conditions that citizens of the country had and we were seeing. The experiences we had in this wonderful trip are uncountable but I will never forget one of the most incredible faces that I had ever seen the Lion’s face. On the other hand, sadly I can’t get out of my mind the hard life conditions of the nice people of those countries. To sum up, it was an incredible experience for me, but it wouldn’t have been so special without my travel partners.
Dentro de todo lo que hacemos diariamente, en el trabajo, en casa, en nuestras aficiones, etc. están muy presentes los números. Utilizamos los números constantemente, de ahí su gran importancia y la necesidad que de ellos tenemos. Pero, ¿son sólo números ó tienen algún otro significado? Depende de quién conteste a la pregunta la respuesta será una u otra, para mí, los números son mucho más que simples símbolos que representan un determinado valor. Si nos centramos en el número 3 de la camiseta del Real Madrid, a muchos se les vendrá a la cabeza la imagen de su, lamentablemente, actual propietario. Sin embargo, a otros se nos aparecen imágenes que nada tienen que ver con la que este precioso número soporta en la actualidad. Imágenes cómo las de dos finas piernas corriendo, volando, ilusionando por la banda izquierda, con las medias bajadas, sin espinilleras, dando la sensación de que no podría poner ese balón en el área porqué la línea de fondo estaba ya muy cerca. No obstante, ese balón llegaba al área en forma de regalo para los delanteros, ya que quién llevaba ese número 3 en sus espaldas era Don Rafael Gordillo Vázquez -UN JUGADOR DE FÚTBOL-. El dueño del 3 en esos tiempos no era un hombre, aunque su apariencia así lo hiciese ver, sino más bien un niño cuya forma de jugar al fútbol estaba cargada de sentimientos, que los aficionados recibían de un modo muy especial. Otra imagen gloriosa y más reciente del número 3, es la de un brasileño, bajito, rapado, musculoso, gracioso y con unos gemelos de infarto. Si, ese bajito que junto con su buen amigo Raúl fueron símbolos de no sólo una época gloriosa de fútbol, sino y quizá más importante, una bonita forma de entender este deporte. El 3 del Madrid se siente nostálgico al recordar las carreras pegadas a la banda de Gordillo, ó los cañonazos de Roberto Carlos. Esos tiempos en los que decir el 3 del Madrid era sinónimo de futbol, ganas de no perderse ni un minuto de lo que el dueño de ese número iba a hacer. Lástima que el 3 de Madrid ahora no pueda disfrutar de todo esto, son otros tiempos para este número. Tiempos llenos de tristeza y vergüenza al sentir que tu actual propietario no te merece. Tiempos en los que los aficionados de tu equipo, al verte ya no te adoran como antaño lo hacían, muchos de ellos te repudian. Pero tranquilo, tú no tienes la culpa. Al fin y al cabo eres sólo un número, aunque para los aficionados de Madrid seas mucho más que eso. No merece la pena apuntar todos los detalles del porqué el actual propietario del Madrid no se merece dicho número, sobran, son evidentes. Este número significa equilibrio, ya que se necesitan tres puntos de apoyo para conseguir dicho equilibrio, y tú, propietario del 3 de Madrid, no lo tienes. Por ello, si tuviese algo de respeto por todo lo que ha sido este número en el Madrid, ó alguno de tus jefes demostrasen algo de coherencia en sus decisiones, te irías ó te invitarían a irte, ya que “EL 3 DEL MADRID” ES MUCHO MÁS QUE UN NÚMERO.