Recuerdo la primera vez que escuche
la palabra “Ironman”. Fue hace bastantes años, en Badajoz, y tras descubrir de
qué trataba dicha prueba, no pude pensar otra cosa que no fuese ¡qué locura!
Desde entonces no volví a prestar atención a esta palabra, hasta que el año
pasado, en mi centro de trabajo, y una vez dentro de este mundillo, descubría
día tras día que varios de mis compañeros habían participado en pruebas
similares. ¿Pero dónde estoy? ¿Cómo es posible que hayan podido realizar esto?
Estas y otras preguntas se me venían a la cabeza sin encontrar respuesta.
Aunque mi mente no podía asimilar todo lo que mis compañeros me contaban, una
luz se encendió dentro de mí el lunes 6 de Junio del año pasado, cuando una
compañera me comentaba que tenía mucho sueño porque el día anterior había
llegado tarde a casa, a causa de que su marido estuvo participando en un
triatlón distancia Ironman el día anterior, en Salou. Entonces pensé, ¿si toda
esta gente lo hace? ¿Por qué yo no?
Esa es la pregunta clave que toda
persona que quiera hacer una prueba de este tipo, ó cualquier otro reto ó
actividad, ha de plantearse ¿por qué yo no? Desde aquel día se instaló en mi
cabeza la idea, la necesidad más bien, que por lo menos debía intentarlo. Y en
esas nos pusimos. Aunque por aquel entonces ni siquiera había participado
todavía en un triatlón, sólo duatlones, no me importaba.
Después de tener mis primeras
experiencias en triatlón, y teniendo en cuenta mi triste natación, estaba claro
que tendría mucho trabajo por delante. Sería necesario montar mucho en
bicicleta, correr durante muchas horas, pero en natación, además de nadar,
nadar y nadar, prácticamente tendría que empezar de cero, ya que estaba claro que
no sabía nadar. Por ello, después de inscribirme en la prueba, a finales del
verano, y sabiendo que lo más inmediato era aprender a nadar, pude contactar
con el club de natación de Toledo, dónde con la ayuda de Alberto, Carmen,
compañeros de natación y por supuesto Tina, poco a poco y con paciencia, se comenzó
a lograr la difícil tarea de mantenerme a flote.
Con Alberto en la piscina de Toledo
Una vez terminé mi primera maratón
en Valencia, obtuve dos noticias, una buena y otra mala. La buena, comprobar
que era capaz de correr la maratón, la mala, que esto iba a ser duro, muy duro.
Tras la semana de descanso después
de la maratón, comenzaba la preparación para el Ironman. Seis meses de
madrugones para correr, de llegar tarde a casa tras la piscina, y de fines de
semana ocupados por largas sesiones de bicicleta y carrera. Sinceramente, no
puedo decir que fuese duro, ya que la emoción de preparar una prueba de este
tipo lo compensaba todo. Y es que como dice el dicho, “el que algo quiere algo le cuesta”. Aunque la preparación es una de
las partes que más se disfruta, no fueron pocas las veces que pensaba si esto
merecería la pena, hasta el día de la prueba no lo sabría.

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